
Tras veinte años de trabajar como sonidista, iluminador y responsable técnico de numerosos espectáculos, una ocupación que lo llevó por todo el mundo, Guillermo Martínez decidió que era tiempo de asentarse en un lugar. El problema para él era cómo materializar ese deseo con una actividad tan itinerante como la suya y poder seguir manteniéndose.
Dispuesto a convertirse en su propio jefe pero sin saber muy bien cómo, Guillermo se inscribió en 2009 en el curso para emprendedores que dicta Emtec. Y allí no sólo empezó a visualizar la forma de un emprendimiento empresarial a su medida, sino que también encontró a quien hoy es su socio, Alejandro Szklar, un actor y escenógrafo con inquietudes similares a las suyas.
A partir de ese encuentro y los conocimientos adquiridos a lo largo de un año surgió “A escena”, un proyecto para la formación de jóvenes en oficios vinculados a las artes escénicas. “Hay muy pocos institutos que enseñen esta profesión; están en su mayoría en la capital y son muy caros. Por eso es que vimos como una oportunidad ofrecer esa formación en la Provincia y con un sentido más social. Pero si bien nosotros tenemos el conocimiento y podemos transmitirlo, no somos empresarios. Eso es precisamente lo que nos está brindando la incubadora; las herramientas para que nuestra idea funcione como empresa”, cuenta Guillermo.
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